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¿Qué es la transición energética?

Para saber qué es, por qué es importante y cómo debe hacerse de manera ordenada y equilibrada, primero debemos entender el problema del cual proviene: el cambio climático.


Cambio climático:


Según las teorías científicas, el planeta Tierra desde su formación, ha pasado por diferentes ciclos de congelación y calentamiento. Sin embargo, debido al auge de la era industrial, la cual se basó en un uso desmedido de los combustibles fósiles, al aumento exponencial de la población y al uso muchas veces irracional de la mayoría de los recursos (entre esos la energía), el calentamiento natural del planeta se ha acelerado en los últimos 60 años (basados en las mediciones de las eras pasadas), en gran parte causado por el aumento de gases presentes en la atmósfera que retienen la radiación solar y no permiten que estas salgan de la atmosfera, generando el llamado efecto invernadero.


Este efecto invernadero es un proceso natural y necesario de la Tierra que permite mantener las condiciones necesarias para albergar la vida, ya que, de lo contrario, las temperaturas bajas en el planeta no serían aptas ni para la humanidad ni para la mayoría de especies de fauna y flora. Sin embargo, los gases presentes en la atmósfera que generan el efecto invernadero, han aumentado por causas antrópicas y de forma acelerada, es decir, por actividades propias del avance de la humanidad, lo que está ocasionando a su vez el llamado cambio climático que no es otra cosa que el aumento acelerado de la temperatura de la Tierra por encima del proceso natural esperado.


Algunas de las consecuencias del cambio climático que se evidencian, tanto en Colombia como en el resto del mundo, son: derretimiento del hielo polar y su consecuente incremento del nivel del mar, produciendo inundaciones y amenazando pueblos costeros que muy probablemente desaparezcan en unos años; aumento de fenómenos naturales cada vez más frecuentes y violentos como incendios, sequías, muerte de fauna y flora, desbordamiento de ríos y lagos o heladas extremas. Todo esto, a su vez, genera disminución de los recursos naturales, hambrunas, pobreza, deterioro de la calidad de vida de muchas personas, enfermedades y miles de muertes por todo el mundo.


Ahora bien, todos los países, todas las empresas y todas las personas tenemos responsabilidades y compromisos para aportar a la reducción de la huella ambiental, entre ellos la disminución del uso de fuentes contaminantes (como el carbón, el gas y el petróleo, responsables de más del 75% de total de emisiones de gases globales), las cuales deberán ser reemplazadas por fuentes de bajas o cero emisiones de carbón como lo son la energía solar, la eólica, la biomasa, la hidráulica, la geotérmica, la oceánica y la bioenergía.


A ese cambio en las fuentes de generación de energía, se le llama transición energética, cuyo objetivo es disminuir las emisiones de CO2 y, como resultado, desacelerar el calentamiento global.


Pero, ¿Es posible cambiar rápidamente de energías convencionales contaminantes a energías limpias en un país como Colombia?


Teniendo en cuenta la forma en que consumimos energía en el país, en particular para movilizar personas y carga, Colombia enfrenta muchas dificultades que impiden la transición acelerada. El país cuenta con topografías agrestes, malas condiciones de las vías y un parque automotor antiguo. Además, el costo que implica comprar nuevos vehículos de fuentes no contaminantes hace prohibitivo su cambio para la mayoría de campesinos y pequeñas empresas del sector rural. Todo esto, sin contemplar que los vehículos de combustible fósil aún ofrecen una ventaja tecnológica en términos de potencia que no es fácilmente solventada por vehículos eléctricos.


La transición no debe centrarse únicamente en la generación de electricidad limitando nuevos proyectos de fuentes convencionales, ni en la prohibición de exploración y búsqueda de reservas de hidrocarburos reemplazándolas por fuentes renovables no convencionales. La razón para ello, es que los niveles de producción de un tipo de fuente de energía con respecto a otra tienen aún una diferencia abismal y la disminución de la producción de las fuentes de energía existentes generaría un aumento de precios y un muy probable desabastecimiento en pocos años.


Por otro lado, la transición energética también debe enfocarse en el consumo de la energía en la industria y en los hábitos de consumo de las poblaciones, propiciando que el aumento de la demanda de energía sea moderado y que pueda ser abastecido en gran parte por las nuevas fuentes de energías limpias que entrarán en operación.


Es claro que el cambio o transición hacia las energías limpias es necesario, pero debe hacerse de forma paulatina y organizada, para evitar desabastecimientos, pérdida de la competitividad del país y disminución de ingresos de regalías (el petróleo aporta el 72% de los ingresos de regalias del país, el carbón el 14%, el gas el 8%, los metales preciosos el 4% y el níquel el 2% [4]) e impuestos que fomenten la inversión y el desarrollo social, así como la pérdida de soberanía energética. Esto asegura que no tengamos que depender de mercados energéticos internacionales que en ocasiones presentan alzas de precios o limitaciones en la oferta, lo que puede afectar a largo plazo la forma en que nos iluminamos, trabajamos, estudiamos, cocinamos o nos movilizamos y hasta el funcionamiento de nuestra economía.


“Colombia tiene una de las matrices energéticas más limpias de la región y del mundo. Para el año 2020, la energía eléctrica consumida por el país provenía en gran parte de fuentes renovables convencionales en un 71.98%; otra gran parte de combustibles fósiles hasta en un 26,77% y el restante porcentaje se produjo de otras fuentes de energía; es decir que la contribución de las fuentes renovables NO convencionales como la solar y la eólica, no llegó para ese año al 1%.” [1]


Por su parte, el país lleva ya varios años apostando fuertemente con regulaciones para la autogeneración a pequeña escala (AGPE), autogeneración a gran escala (AG), generadores distribuidos (GD), con subastas de energías limpias para proyectos solares y eólicos a gran escala y con políticas económicas y tributarias que fomentan el uso de estas energías en los sectores residenciales, comerciales e industriales.


Así que, para nosotros como empresa que aporta a la sostenibilidad energética del país, consideramos que el actual gobierno debe centrarse en procurar que las reglamentaciones vigentes sean realmente aplicadas, que los operadores de energía las conozcan con más detalle y propicien los proyectos de autogeneración, la mejora en los procesos para la consecución de los beneficios tributarios y la financiación por medio de la banca privada y pública para proyectos de energías limpias con tasas más bajas, entre otros aspectos.


Sabemos que el problema mundial es IMPORTANTE y se debe ATENDER URGENTEMENTE, que debemos generar cambios importantes y hacerlos de forma más acelerada, pero es importante no sesgarnos a tener solo un tipo de fuentes de energía descuidando las que generan gran parte de los recursos públicos del país. El posible desfinanciamiento afectaría otros programas sociales, incluso la posibilidad de que en paralelo a la transición energética, se generen ingresos económicos para el país, como es la agricultura o turismo sostenible, que sin presupuesto disponible serán más difíciles de impulsar. La invitación que hacemos a las personas y empresas es a ser energeticamente más eficientes y responsables, a procurar tener procesos menos contaminantes y adicionalmente tener una posición critica energetica basada en la realidad de la situación, que vaya ajustada a lo que necesita el medio ambiente pero también nuestra economía.



ALEJANDRO BUENO ZAPATA

3147911660

Comercial@copernicosas.com


Fuentes:








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